DECALOGO DEL VIAJERO

Decálogo del viajero

 

Nuestro vagabundear por el mundo tiene que ser el pegamento entre todas las culturas.

Decálogo del viajero

Viajar es un privilegio de pocos. Moverse de un país a otro como lo hacemos nosotros, por placer personal y, sobre todo, como ocasión de encuentro con el otro, es un don desconocido a la gran mayoría de la población mundial. Por eso, no hay que olvidarse de que quien viaja lo hace porque anteriormente ha tenido la posibilidad de elegir hacerlo, y esto lo convierte en un privilegiado. Sin embargo, la raison d’être del nómada moderno debería traducirse en la responsabilidad moral de unir aquello que las fronteras políticas se empeñan en dividir.

El viajero tiene, además, la tarea fundamental de compartir sus hábitos y tradiciones y su propia fe para que las diferencias entre él y el otro se conviertan en la verdadera moneda de intercambio y crecimiento. Porque, si es cierto que en lo más profundo a todos nos mueven las mismas necesidades primordiales, las diferencias son la verdadera exaltación de la humanidad. Buscar lo diferente y ser consciente de las similitudes significa encaminarse hacia la esencia de la vida. Y da sentido al viaje mismo.

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1. Escuchar, y luego hablar
Hoy en día, es prácticamente imposible partir por un viaje libres de prejuicios hacia el lugar o la gente que estamos a punto de conocer. A menudo, esto nos lleva a conclusiones erróneas y sentencias tajantes sin bases empíricas directas. Aprendamos a escuchar lo que tienen que decir los demás, solamente así podremos conocerlos mejor y, finalmente, moldear nuestra opinión.

2. Ser humilde
En una sociedad divididas en clases no hay nada más común que actuar – consciente o inconscientemente- según unos valores de superioridad/inferioridad; primer mundo mejor que tercer mundo; Occidente = civilización, Oriente = barbarie. Parece obvio decirlo, pero ¡nada más falso! Al desarrollo económico no necesariamente le corresponde el desarrollo humano; y la aldea de cabañas en la jungla no tiene por qué faltar de raciocinio o carácter. Solo a través de la humildad podemos acercarnos a la esencia.

3. Tener respeto
Respeto por las personas que encontramos a lo largo del camino y respeto por sus ideas y tradiciones. Respeto hacia nosotros mismos, no asentir sistemáticamente forja el carácter del individuo y solo él que sabe cuidar de sí mismo, puede cuidar de los demás. Respeto por el ambiente en el que vivimos y nos movemos; somos dueños de nuestro destino, no de la tierra sobre la cual lo construimos.

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4. Tener capacidad de maravillarse y emocionarse
En la era de la comunicación masiva estamos acostumbrados a tenerlo todo (o casi) a un golpe de ratón. A diario, venimos sobrecargados de información y estamos perdiendo la capacidad de maravillarnos y sorprendernos frente al mundo. A veces llegamos a un lugar y lo hemos visto tanto en pantalla que nos deja indiferentes. Tenemos que volver a apoderarnos de nuestras emociones y no tener miedo de expresarlas.

5. Tener espíritu de adaptación
Viajar no significa simplemente cambiar físicamente de lugar llevando en la maleta todo lo que tenemos en nuestro día a día. Viajar es deshacerse de nuestras comodidades y saber gozar de la vida sin ellas; es estar abiertos a algo distinto de lo habitual y saber sacarle provecho. Viajar no es solo una tumbona en la playa o un autobús con el aire acondicionado, es también respirar el polvo de una carretera secundaria y amanecer en un barrio marginal de una ciudad. Viajar es abandonar nuestra zona de confort.

6. Tener ganas de ponerse en juego
Partir hacia el mundo significa dejar el asiento detrás de la ventana y ponerse en los zapatos del “explorador”, uno que, en el mejor de los casos, sabe lo que está buscando, pero no tiene ni idea de lo que encontrará a lo largo del camino para alcanzarlo.

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7. Confiar en los demás 

Visitar una cuidad inexplorada, escuchar idiomas nuevos o buscar el andén de un autobús en una estación rusa significa perder todos (o casi) nuestros referentes. Esta condición de extrañamiento nos convierte en niños, perdidos frente a lo desconocido. Y lo único que nos queda es acudir a los demás y dejarnos guiarnos por ellos.

8. Poner en discusión nuestras certezas
Es fundamental ser conscientes de que “normal” y lógico” van siempre escritos entre comillas. La cultural, el clima, la geografía, el estado social, los estudios, las tradiciones, la religión definen, transforman y tuercen estos dos conceptos sobre los que basamos nuestra vida. Por ello, si defender nuestras ideas es importante, lo es aún más estar listos para poner en duda nuestras certezas.

9. Intercambiar
El viajero consciente de su papel dejará, a través de sus actos y sus palabras, parte sí en las personas y en lugar que ha visitado y, al mismo tiempo, seguirá su camino enriquecido por lo recibido durante su estancia. El intercambio está en la base de la experiencia y, finalmente, cada una de las partes en juego debería sentirse genuinamente agradecida por encuentro vivido.

10. Sonreír (siempre)
No hay martillo contra las barreras culturales más poderoso que una sonrisa. Ni tarjeta de visita más reconfortante o rompe hielo más eficaz. La sonrisa abre las puertas a la comunicación y allana el camino hacia la comprensión.

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